top of page
Buscar

La vida que todavía no sé nombrar

Existen etapas que no llegan para entenderse de inmediato, sino para vivirse.




Esta última semana he sentido que la vida decidió mover todas las piezas de mi mundo al mismo tiempo.


Cambié de casa, de rutina y de espacios que ya comenzaban a sentirse familiares. Las personas han ido ocupando lugares distintos en mi historia, algunas ilusiones se han acomodado donde realmente pertenecen y, de pronto, me doy cuenta de que estoy en un lugar completamente nuevo. Tan nuevo, que incluso yo misma desconozco a la persona que he ido construyendo con cada decisión que he tomado.


No ha pasado una tragedia. Nadie me ha roto el corazón. No ha ocurrido nada extraordinario... y sin embargo, por dentro siento que todo se está reordenando.


Mudarme del lugar al que llegué cuando aterricé en España hace cinco meses me hizo comprender algo muy simple, pero muy profundo: España ya no es un viaje, "España es ahora mi realidad" y aceptar eso cambia muchas cosas.


También he tenido que soltar ciertas expectativas. Eso me recordó que no todo llega para quedarse en el lugar que imaginamos. Algunas personas, algunos sueños e incluso algunas ilusiones solo nos acompañan un tramo del camino. Cuando dejamos de proyectar sobre ellos lo que deseábamos que fueran, por fin podemos verlos tal y como son.


Y eso también es un acto de amor hacia uno mismo, porque llega un momento en el que prefieres una verdad que duela antes que una esperanza que te mantenga esperando.


No voy a negar que me he sentido sola. Muy sola, por momentos.

Hay días en los que extraño tener a mi familia cerca, un lugar completamente mío o simplemente a esas personas con quien compartir las pequeñas cosas que nunca aparecen en las fotografías.


Mañana es mi cumpleaños y quizá por eso todo se siente un poco más intenso.

Los cumpleaños tienen esa extraña capacidad de hacernos mirar hacia atrás y preguntarnos si la vida se parece a la que alguna vez imaginamos.

Y, en mi caso, la respuesta es sí ... Sí se parece.

Solo que nunca imaginé cómo se sentiría llegar hasta aquí.


Hace un año, el día de mi cumpleaños, mis guías me dijeron que comenzaría un año de decisiones importantes, decisiones que cambiarían el rumbo de mi vida. También me dijeron que estaba lista y no se equivocaron.


Lo único que olvidaron contarme fue cómo se sentiría atravesarlo.

Porque vivir tus sueños no siempre se siente emocionante. A veces se siente como un vaivén emocional constante.

A veces comparo la vida que tenía en México con la que hoy estoy construyendo en España. La primera ya se siente muy lejos de quien soy hoy. La segunda todavía está tomando forma. Aún no sé exactamente cuál será mi vida aquí y quizá está bien no saberlo todavía.



Hay una frase que no deja de acompañarme estos días:

Hay verdades que duelen. Sí, pero también hay verdades que liberan.


Porque cuando dejamos de sostener aquello que solo existía en nuestra imaginación, aparece espacio para construir una vida mucho más auténtica.


No sé exactamente qué traerá este nuevo año para mí.

Solo sé que, por primera vez en mucho tiempo, quiero dejar de perseguir certezas y empezar a confiar en el camino que estoy construyendo, incluso en esos días en los que la soledad pesa un poco más.


Quizá crecer sea justamente eso....


Seguir caminando aunque el paisaje cambie, aunque el corazón extrañe y aunque la vida todavía no termine de sentirse a la de nuestros sueños.


Confiando en que algún día entenderemos por qué era necesario atravesar esta etapa para convertirnos en la persona que siempre estábamos destinados a ser.


Andrea Argüelles 


                                                     Que nunca dejes de volver a ti.



 
 
 

Comentarios


bottom of page